Tres métodos con lija, piedra de cocina y pasta abrasiva para recuperar el filo en un taller doméstico.
El formón es la herramienta que antes pierde el filo en cualquier banco de taller y, a la vez, la que más se nota cuando está mal. Un corte que antes salía en dos pasadas empieza a quemar la madera, a saltar en la veta y a dejar el bisel brillante. Antes de comprar una piedra de agua japonesa conviene probar tres métodos que caben en un cajón y no cuestan casi nada.
Tres métodos que funcionan en casa
El primero es lija al agua de grano 400, 800 y 1200 pegada sobre un trozo de vidrio o mármol. El vidrio mantiene la superficie plana y la lija se cambia cuando se carga. El segundo es una piedra de cocina de grano doble, de las que se venden para cuchillos: la cara gruesa come el bisel y la fina lo pule. El tercero es pasta abrasiva sobre una tira de cuero viejo, para el asentado final.
Ángulos y tiempos reales
El bisel principal se trabaja a 25 grados y el microbisel a 30. Con la lija se dedican unos cuatro minutos al grano 400, dos al 800 y uno al 1200. La piedra de cocina pide más agua y menos presión: si aprietas en un solo punto, la hoja se redondea y pierdes el filo por el centro. La prueba está en cortar un listón de pino a favor de la veta: si sale una viruta continua y no serrín, el formón está listo.
Errores que arruinan la hoja
Los tres fallos que veo más a menudo: presionar demasiado en un solo punto del filo, no mantener el bisel plano contra la superficie y guardar la herramienta húmeda. El agua que queda entre el hierro y el mango oxida por dentro y en pocas semanas aparece una mancha que ya no se quita. Secar con un trapo y una gota de aceite de linaza alarga la vida del formón mucho más que cualquier piedra cara.
La rutina que me ha quedado es de cinco minutos: dos pasadas por la lija fina, un asentado corto en el cuero y vuelta al banco. Repetirla cada dos sesiones de trabajo es suficiente para no volver a pelearse con la madera.