Cuaderno de banco

Cómo afilar un formón de banco sin piedra profesional

Tres métodos con lija, piedra de cocina y pasta abrasiva para recuperar el filo en un taller doméstico.

Publicado el 14 de marzo Lectura de 6 minutos Diario de banco
Formón de carpintería apoyado sobre una piedra de afilar en un banco de taller
El formón de 12 mm que uso para ensambles a media madera, recién apoyado sobre la piedra de grano doble.

El formón es la herramienta que antes pierde el filo en cualquier banco de taller y, a la vez, la que más se nota cuando está mal. Un corte que antes salía en dos pasadas empieza a quemar la madera, a saltar en la veta y a dejar el bisel brillante. Antes de comprar una piedra de agua japonesa conviene probar tres métodos que caben en un cajón y no cuestan casi nada.

Tres métodos que funcionan en casa

El primero es lija al agua de grano 400, 800 y 1200 pegada sobre un trozo de vidrio o mármol. El vidrio mantiene la superficie plana y la lija se cambia cuando se carga. El segundo es una piedra de cocina de grano doble, de las que se venden para cuchillos: la cara gruesa come el bisel y la fina lo pule. El tercero es pasta abrasiva sobre una tira de cuero viejo, para el asentado final.

Ángulos y tiempos reales

El bisel principal se trabaja a 25 grados y el microbisel a 30. Con la lija se dedican unos cuatro minutos al grano 400, dos al 800 y uno al 1200. La piedra de cocina pide más agua y menos presión: si aprietas en un solo punto, la hoja se redondea y pierdes el filo por el centro. La prueba está en cortar un listón de pino a favor de la veta: si sale una viruta continua y no serrín, el formón está listo.

Errores que arruinan la hoja

Los tres fallos que veo más a menudo: presionar demasiado en un solo punto del filo, no mantener el bisel plano contra la superficie y guardar la herramienta húmeda. El agua que queda entre el hierro y el mango oxida por dentro y en pocas semanas aparece una mancha que ya no se quita. Secar con un trapo y una gota de aceite de linaza alarga la vida del formón mucho más que cualquier piedra cara.

La rutina que me ha quedado es de cinco minutos: dos pasadas por la lija fina, un asentado corto en el cuero y vuelta al banco. Repetirla cada dos sesiones de trabajo es suficiente para no volver a pelearse con la madera.

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Formón de carpintería apoyado sobre una piedra de afilar en un banco de taller

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El formón es lo que antes se desafila en un banco de taller y lo que más se nota cuando está mal. Aquí se comparan tres métodos que caben en un garaje: lija al agua sobre un vidrio, una piedra de cocina de grano doble y pasta abrasiva sobre cuero. Se anotan los ángulos de 25 y 30 grados, cuánto tiempo se dedica a cada grano y cómo comprobar el filo cortando un listón de pino. También quedan escritos los errores que arruinan la hoja: presionar en un solo punto, no mantener el bisel plano y secar mal la herramienta después.

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